Leyendas célebres de España 25 nov 2017

El pueblo maldito y excomulgado por la iglesia. Los amantes de Teruel. El cautivo de la Mezquita de Córdoba. Guzmán el Bueno. La corona de fuego de Monforte de Lemos. La octava Isla Canaria. Leyendas históricas de tiempos remotos del siglo XV, XVI con personajes fantásticos con secretos. Estas historias se guardan en los libros de Historia de España.

El cautivo de la Mezquita de Córdoba

Una famosa leyenda de la Córdoba Califal, cuenta, que un muchacho cristiano se enamoró de una chica musulmana que a diario veía para comprarle frutas, él le pidió casorio, ella aceptó con gusto y le prometió que se convertiría cristiana. Una noche en que ella era bautizada unos militares la mataron y su cuerpo fue echado al rio. Al muchacho lo apresaron y lo encadenaron en una columna de la Mezquita. Se cuenta que durante su cautiverio se dedicó hacer una cruz con su uña y lo logró, en una superficie muy dura, mármol. Esa cruz todavía se ve, a través de una reja

Los amantes de Teruel

Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, desde niños eran vecinos y estaban enamorados, la chica era noble, rica de linaje de Teruel y él era un pobretón hijo de Martín Garcés de Marulla. Juan pidió matrimonio a Isabel y su padre, que claro que se opuso, por su situación económica, no tenía en que caerse muerto. Juan se puso de acuerdo con su novia que se iba cinco años a la guerra y así cambiaria su nivel social y tendría fortuna. Isabel aceptó esperarlo porque lo amaba.

Corría el año 1217, pasó el tiempo acordado. Isabel cedió a las presiones de su padre y se matrimonió con otro. Cuando Juan regresó de la guerra, ella le dijo que se había casado con otro. Se cuenta que en ese momento él cayó muerto junto a ella (está documentado en textos) y que Isabel cuando se acercó a besar a su difunto enamorado en su funeral, ella murió y cae junto al ataúd. Esta leyenda se difundió en el año 1533, cuando encontraron dos momias, “los amantes”, en la iglesia de “San Pedro de Teruel”, los restos de ellos están en el mausoleo de alabastro y bronce hecho por Juan Ávalos.

El hijo de Guzmán el Bueno

Guzmán el bueno era Alonso Pérez de Guzmán, un noble leones del siglo XIII, al que el rey Sancho IV comisionó la defensa de “Tarifa” sitiada por los benimerines de marruecos o por tropas del infante don Juan. Según cuentan, al no conseguir la rendición del castillo, los enemigos secuestraron al hijo de Guzmán y amenazaron en degollarlo en las puertas de la fortaleza.

Cuenta la leyenda, que Guzmán el bueno les tiró un cuchillo desde los alto del fortín, para que matarán a su hijo, antes que sucumbir al chantaje de los enemigos.

Se cuenta, que en el texto dice “Matadle con este cuchillo, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo, que hijo con mi honor manchado”. Esta lealtad el rey le concedió a Guzmán, el señorío de Sanlúcar (hoy comarca de la Costa Noroeste de Cádiz) y el alias de “el bueno”.

El pueblo maldito y excomulgado por la iglesia

Tramoz, un municipio de 70 personas a unos kilómetros del monasterio de Veruela en Zaragoza, el único poblado maldito y excomulgado de España y solo el Papa puede quitar la maldición.

Este problema con la iglesia fue a raíz de antiguas historias de aquelarres de hechiceras y actos paganos en el castillo que corona Tramoz. El ayuntamiento del lugar cree que estos rumores se divulgaron porque “en varias ocasiones se falsificó monedas en el castillo” y sus habitantes querían mantener lejos a los curiosos.

Cuando las mentiras de Tramoz, era cobijo de brujería, comenzó a extenderse, el abad del monasterio de Veruela aprovechó la oportunidad para castigar el lugar – no se sometía al control del monasterio, como sí ocurría en otros pueblos cercanos-, y pidió al arzobispo de Tarazona excomulgar a todo el poblado.

Los pleitos contra la iglesia fueron durante varios años y llegaron a un punto que el monasterio comenzó a desviar agua del pueblo. El señor de Tramoz, Pedro Manuel Ximenez de Urrea, se levantó en armas contra la abadía. Los monjes, nunca perdonaron este agravio, con el permiso explícito del Papa Julio II, lanzaron la maldición sobre el pueblo en el año 1511, entonando un salmo, “con Dios alcanzaremos la victoria y él aplastará a nuestros enemigos”. Pusieron en la entrada del pueblo, una cruz con velo negro era la constancia del maléfico hechado.

La Corona de Fuego de Monforte de Lemos

Una leyenda gallega dice, que en el castillo de Monforte de Lemos situado al sur de la provincia de Lugo, cerca estaba ubicado el monasterio de San Vicente del Pino y existía antiguamente un túnel subterráneo. Según el relato, durante la ausencia del Conde de Lemus, el abad del monasterio habría utilizado el pasadizo secreto para llegar al castillo sin que nadie lo vea, llegaba hasta la alcoba de la hija o de la esposa del noble según cuentan, con alguna de ellas se acostaba. Al darse cuenta de la situación el conde, preparó un gran banquete e invitó a comer al abad.

A la hora del postre, un sirviente trajo una corona de hierro al rojo vivo que coronó al clérigo, provocando su muerte.

La Octava Isla Canaria

Una octava isla en el archipiélago. La isla de San Borondón, supuestamente desaparece y aparece hace varios siglos es probable que “es una de las leyendas que más ha calado hondamente en el espíritu del pueblo canario". Dice Marcos Martínez en su texto Islas míticas en relación con Canarias.

En el siglo VI, un apóstol irlandés conocido como Brendán hizo un recorrido en el océano Atlántico para propagar el catolicismo y dijo que había encontrado una isla que la consideró como el “paraíso terrenal”. Mapas de la época decían que era una isla perdida descubierta por Brendán que nadie lo había podido verla y capaz de encontrarla. Hasta que varios cartógrafos la pintaron a escasa distancia de “El Hierro” siglos después.

No faltaron críticos que tacharon la declaración de Brendán de “delirio apócrifo totalmente inútil para la historia y la geografía”, algunos navegantes dicen haberse topado con la mítica isla San Borondón, hasta a escritores les ha servido de inspiración como, Luis Borges, Washington Irving, Vicente Blasco Ibáñes.  

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