La calle de Don Juan Manuel 11 abr 2017

Hizo un pacto con el demonio para matar al amante de su mujer, este le dijo; que a todos los que pasen a las 11 de la noche en su calle los acuchillara. A su primera victima le preguntó, ¿que hora es?, le decían, la hora,- Felicidades, sabes la hora de tu muerte-.A uno de tantos que mató, era su sobrino que tanto quería que no reconoció. 

LEYENDA DE MÉXICO.- En la calle de República de Uruguay vivía un hombre muy rico  que llegó con el virrey don Lope Díaz de Armendariz, Marquez de Cadereyta, un caballero  llamado Juan Manuel Solórzano,  junto con su bella y joven esposa. El virrey y don Juan Manuel eran buenos amigos. comían en una misma mesa, juntos salían a cabalgatas, con trajes iguales y con las mismas divisas, juntos salían en paseos de coche.

No faltaba las envidias, a don Juan Manuel, pues las envidias persigue al que florece. El virrey le encomendó a don Juan Manuel la administración de la Real Hacienda, cargos que tenía con la intervención de las flotas que llegaba a estas Indias. Él organizó la armada de Barlovento, estacionada en Veracruz para proteger el comercio Español contra los piratas ingleses y holandeses que atacaban a los barcos e impedían su llegada a la Nueva España.

Los oidores mandaron a la corte real quejas contra el virrey y de don Juan Manuel, pero no prosperó, nulificaban los informes por los doblones de oro que enviaban, a Felipe IV, aprobaba con elogios la conducta de los dos. Los oidores no buscaban como sacar a don Juan Manuel de esas alturas del poder. Cuando llegó la sublevación de Catalunia llegó la venganza de los oidores le hicieron una acusación infame y se fue a la carcel.

El virrey no podía ayudarlo

No se libró de los tormentos de la prisión y su amigo no podía ayudarlo porque tambían lo incriminaron y él fue llamado por la Corte Real. El virrey se fue a España, dejando a don Juan Manuel en manos de sus enemigos que sonreían satisfechos. Lo llevaban  a la horca, cuando llegó en el galeón un aviso de la corte real, que con severas penas deben de poner de inmediato en libertad a Don Juan Manuel de Solorsano que indignamente lo habían vejado.

Don Juan Manuel, desengañado volvió a casa con su esposa, él estaba abatido, siempre triste, hacía rosarios, metido en el convento de San Francisco. De momento se le encendió una oleada ardorosa de celos que no lo dejaban de día ni de noche. La seguía cuando salía a la calle estaba seguro que le era infiel. Convencido que doña Ana tenía un querido. Una obsesión loca de celos, fue a ver a un brujo para que le descubriera la evidencia de la mujer infiel.

Pactó con el demonio

El brujo lo llevo a medi noche, detras del convento de San Diego le puso una varilla de acebo se lo pasó siete veces, hasta por su boca diciendo palabras de abra cadabra hacia el oriente, trazó en el suelo un círculo mágico. -Mi compadre Satanas acepta mi alma Don Juan Manuel de Solorzano. El y yo sabemos quién es el amante de tu esposa;si tu quieres saberlo para que tomes justa venganza, sal de tu casa a las once de la noche, el que pase por la acera de tu casa mátalo, el es quien te roba la homra y la dicha, yo y mi compadre Satanas nos apareceremos a tu lado para confirmarte que le diste muerte al amante de tu mujer doña Ana, marchate a tu casa, las potencías infernales te guían.

Noche a noche salía 

Todos los días se conmovía la ciudad, a diario aparecía un cadaver. A sus víctimas le preguntaba: ¿Qué hora es? -Las once-.-

Felicidades, sabe la hora de su muerte, ( de esa forma abordaba a sus victimas) y le clavó un cuchillo en el corazón, pasaron las noches y varios crímenes. Los habitantes estaban horrorizados por los muertos que aparecían a diario,  Se enteró después que había matado a un sobrino ( no lo reconoció) que él quería mucho, se arrepintió, confesó sus pecados su penitencia fue rezar tres noches seguidas en la plaza pública donde estaba la horca. La primera noche  cuando rezaba don José Manuel vio  su velorio y oía con vos de ultratumba “un Padre Nuestro y Ave María para don José Manuel”. Después la segunda noche, cuando rezaba en la plaza pública se vio él dentro  del ataúd como lo cargaban espectros con velas encendidas y lo llevaban a enterrar, amaneció ahorcado en la plaza y nadie supo como pasó. 

COMPENDIO DE HISTORIAS TRADICIONES Y LEYENDAS DE LAS CALLES DE MÉXICO.

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